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Excursiones de un dia - Sur de España

Melilla 1 (c) M. Baquero - SoloViajarContaros lo que es Melilla no está a mi alcance.  En los últimos años la he visitado unas dos semanas al año, esto solo me permite conocer esta ciudad de manera superficial. También es verdad que, a veces, Melilla parece estar estructurada mediante diferentes capas superficiales. Su situación geográfica marca enormemente su desarrollo, lo condiciona y justifica, da razón de muchas de las particularidades de esta ciudad en permanente necesidad de definirse.

 

Su historia y su localización nos pueden dar un punto de partida  para desembarcar en esta ciudad, conjunto de varios pueblos, que mantiene, mediante un continuo esfuerzo, una batalla identitaria que parece fuera de tiempo,.., claramente, no de lugar. Con ramales históricos que se remontan a fenicios y griegos, son los castellanos quienes, de forma aparentemente mágica, fundan  Melilla en el siglo XV, levantando una empalizada en una noche, nos cuenta la leyenda, aseguraron el asentamiento algo más que comercial. A partir de ese punto, expansión y retroceso se van sucediendo a lo largo de los siglos, con un apogeo social y militar en el primer tercio del siglo XX.

Toda esta historia es la base de la identidad de Melilla, sobre ella, llena de actos nobles, heroicos, estúpidos, salvajes, basan sus ideas aquellos que ven como su ciudad es parte de juegos diplomáticos entre España y Marruecos.Pero Melilla, hoy, es, como pocas, una ciudad corazón. Es un organismo acorazado, cuya principal función es la de bombear recursos, tanto para sí misma como para el entorno rifeño. El sitio de Melilla, un corsé impuesto, seguramente necesario, es una locura que pretende contener un continente. La apariencia es de éxito, la realidad es que la conquista de Melilla ya es un hecho, los grupos demográficos de ascendencia bereber parecen mayoría, algunos sumados a las costumbres peninsulares, otros sumando sus rezos y maneras a una forma de hacer, siempre marcada por el sol y el viento.

Melilla 2 (c) M. Baquero - SoloViajarMelilla es un organismo alimentado desde Madrid. No es capaz de generar recursos propios, no puede seguramente. El alma funcionarial es una condición que preside las mentes de los melillenses. Militares, funcionarios de las diferentes administraciones, bomberos, policías, médicos y personal sanitario, maestros aparentan mayoría dentro de la Melilla que se mueve por el centro de la ciudad. Para atenderlos, bancarios, abogados, bares y restaurantes, otros servicios, gestión de transporte y mercancías, se suman a los ritmos dominantes. Pero no hay industria, no existe capacidad productiva o procesadora. Sin agricultura, por falta de tierras y agua, sin pesca, por falta de caladeros o aguas territoriales, los funcionarios son los ladrillos que levantan lo cotidiano. Y aquí, en el centro funcionarial de la ciudad, la plaza de España, es donde comienza la pulsión que de forma centrifuga se desplaza hacia los márgenes de la frontera.

Los arcanos usos mercantilistas de los melillenses/marroquís con la compra de materiales a este lado, transporte mediante ancianas, mujeres fardo a Nador y su venta allí más barato es un trajín diario que sorprende al que lo ve por primera vez por la sorda violencia que acompaña estas maneras. Maneras que se justifican desde la necesidad y la desesperación por conseguir dinero mediante un trabajo de porteo para unos y las maneras socialmente estratificadas y dominantes desde los que controlan este mercadeo.

Pasar por la frontera no deja indiferente, las capas de gente se superponen, los que como transfronterizos pasan diariamente a trabajar en múltiples empleos regresando tras la jornada, los que pasan los controles varias veces, pues cada transito es dinero y los que desesperadamente, solo quieren cruzar o recoger lo que sobre de todo este movimiento. Llegarse a la frontera, por tanto,  es comenzar a cambiar un poco, empezar a ver esas otras realidades que en otros lugares no son. La suciedad se extiende poniendo aun más de manifiesto la dureza de estas uniones fronterizas. Estas brechas en el sitio, comunican rítmicamente ambas zonas. Trabajadores, melillenses de fin de semana, porteadoras. Siempre discurren las personas, portadores de diferentes oxígenos entre el corazón y el organismo del Rif.

Esta es la parte de Melilla que la hace diferente, es una realidad que la condiciona y que demográficamente la cambia año a año. Melilla es una ciudad para dos días, no da más de sí en esa modalidad del turismo acelerado. Una semana de estancia playera y de amistades sí. Ciudad de paseo, vientos y sol, terrazas y tapas. Ciudad perezosa que siempre parece comenzar lo que sea un poco más tarde. Horarios tardíos que invitan a ir unos minutos más allá de la hora prevista. El calor, casi nunca excesivo, ralentiza.

Ciudad de dos bisectrices, paseo y puertos con la avenida Juan Carlos I Rey, en este cuadro se junta lo principal de la ciudad. Otras zonas, cuentan con rincones o algún local pero estos dos ejes tocan la zona centro, el pueblo Viejo, el Industrial, el Tesorillo, el Mantelete. Mención especial pide el barrio del Real. Barrioplanificación, con calles cuadriculadas y pequeñas avenidas arboladas, con casamatas, casas en manzana de una o dos alturas, aterrazadas, poco nobles de construcción. Barrio con vida propia que permite el paseo y la búsqueda de locales con sabor de barrio de toda la vida. Algún bar apañado, comercios y mercadillo diario. Con calles traseras que no esconden pero disimulan la cercanía  del polígono y la frontera.

Ya en este barrio, con sus edificios de poca altura, muestra la ciudad su especial relación con el cielo. Los edificios del centro, de tipo modernista, fruto de su relación histórica con Barcelona, van enmarcando los azules intensos del estrecho. Continuamente abierta para la vista, muestra con facilidad la amplitud y las lejanías, siempre en contraste con las limitaciones espaciales marcadas por sus corsés.

A esta ciudad solo se llega a través de sus gentes, son ellos los que te la pueden enseñar. Gente de fácil llegada, dispuesta a hablar, quizás un poco castellanos en lo sobrio. Tienden a acogerte, a hacer que te sientas cómodo, rigurosos con sus hábitos. A pesar de ser conscientes de que su ciudad esta mudando, de estar orgullosos, su mirada no deja de fijarse en el otro lado del mar,  “la Peni” se hace grande y lejana. Se capta un cierto sabor agrio de los melillenses hacia su ciudad, una actitud un tanto cansada. Como una inutilidad en cada gesto que no deja de dar cuerpo a la vida en la calle. Inutilidad que no es impedimento para que repitan, las veces que haga falta, cada uno de sus gestos, visiten sus rincones o cumplan sus horarios. Siempre gatunos los melillenses, en la calle y con el gesto ambiguo.

Ciudad en donde rápidamente se cogen costumbres, se suma a tomar el té moro, a comer pinchitos en el Sevilla, bar callejero en donde se eleva el nivel, la sempiterna Cervecería, bares magníficos como la Cantina en el Tesorillo de casta torera y parroquianos invencibles. Para comer, locales no faltan, delicias como las coquinas, no siempre disponibles, productos del mar que llegan al día desde Marruecos. Algo de comida marroquí, pero sobre todo la parrillita de calle, carbones que preparan las costumbres de siempre.

Siempre la despedida desde la ciudad vieja, pueblo amurallado que se asoma al a veces fiero levante, a la caleta de los Galápagos, pueblo habitado que atesora el primer cerco, el primer corsé, la primera idea de una siempre indecisa Melilla, un punto borroso que acompaña a los melillenses, algo felinos, gente sabedora de donde pisan, sitiados en todas las direcciones.